CONTINUACION Y CULMINACION. UNIDAD II.
Relevancia y complejidad de los procesos de descentralización.
Como resultado de los cambios estructurales mencionados y en el marco de los procesos de globalización, en los planos nacionales comienzan a manifestarse políticas de reforma del Estado en las que la descentralización ha sido uno de los procesos más importantes de transformación político-institucional. Llevado a cabo en contextos específicos (en varios países de América Latina y en México Globalización, desarrollo local y descentralización particularmente) y en momentos determinados (durante las décadas de los ochenta y noventa), fue un proceso no inmune a intensas polémicas, tensiones y contradicciones.
En general sus objetivos, sus modalidades y sus alcances son susceptibles de diversas interpretaciones. Pero, más allá de esto, es indudable que surgen nuevos interlocutores y nuevos espacios: los gobiernos locales cobran una especial relevancia y significación frente al Estado nación que antes no tenían. No obstante, también es cierto que los "vínculos fundamentales" de la dependencia de los gobiernos subnacionales frente al federal siguen funcionando, ya sea en el plano de la concentración federal de los recursos federales como del poder de decisión. Y si la dependencia fiscal continúa siendo fuerte pese a que se descentralizan funciones, "las decisiones, la orientación final de los programas, y la lógica del manejo y desdoblamiento de buena parte de la agenda de las políticas públicas siguen estando en el centro". Por ejemplo, si en la descentralización de la política educativa en México llevada a cabo durante el periodo del gobierno de Ernesto Zedillo la magnitud de las funciones que se descentralizaron fue muy significativa, no resultó así en los espacios de decisión que se cedieron. Al final de este periodo los estados seguían dependiendo del orden federal en la orientación y diseño de la política, en los recursos y puesta en marcha de la misma y en las acciones de evaluación (Cabrero Mendoza, 1995).
También es indudable que se generan oportunidades y posibilidades para aprovechar espacios y dinámicas que generan los procesos de descentralización.
Pero de lo que se trata es de ver cómo desde estos espacios se puede actuar para redirigir y cambiar cualitativa y cuantitativamente los procesos hacia un desarrollo de otro tipo. Es innegable que los procesos de descentralización pueden constituir una herramienta de liberación de potencialidades de desarrollo local.
Ello depende, naturalmente, de los contenidos sustantivos que se den a los procesos de descentralización.
La exigencia de la descentralización conlleva la necesidad de dotarse de indicadores socioeconómicos desagregados territorialmente, así como incorporar otro tipo de información sobre las diferentes capacidades o potencialidades del desarrollo de cada territorio, tanto en lo relativo a los rasgos medioambientales, como sociales y culturales, a fin de trascender los enfoques conceptuales simplificadores del crecimiento económico, tal y como éste es visualizado desde la perspectiva economicista tradicional.
Si bien la descentralización constituye el preámbulo de lo que entendemos por desarrollo local, ya que sienta las bases para un reordenamiento del municipio, se necesita ir más allá, promoviendo acciones públicas más amplias que tengan que ver con el desarrollo local, con procesos inéditos que significan seguramente un cambio en los modelos de desarrollo.
¿Qué entendemos por cambio en los modelos de desarrollo?
Durante el siglo XX, fordismo y keynesianismo conquistaron la escena mundial.
Centralización de la producción a escala, burocratización y politización del Estado dominaron el campo. La economía en este contexto tendía a separarse de la sociedad. Las grandes empresas verticalmente integradas realizaban economías de escala y el papel del territorio en los procesos de desarrollo era solo pasivo y acomodado a las circunstancias. El desarrollo estaba relacionado con el crecimiento económico. Sin embargo, en los veinte años más recientes, con la crisis de este modelo, los retos del desarrollo comenzarán a enfocarse desde la especificidad de cada territorio, como eje en donde se busca fomentar prácticas de producción (distritos industriales, clúster, polos tecnológicos) y gobernación local.
Los distritos industriales, entendidos como un gran complejo productivo en donde la concentración geográfica, la especialización sectorial, el predominio de medianas y pequeñas empresas, la colaboración interfirmas basadas en la innovación y no en los bajos salarios, una identidad sociocultural que facilita la confianza entre las empresas y los empleados, trabajadores capacitados, organizaciones de autoayuda y gobiernos municipales muy activos que impulsan procesos de innovación y capacitación de la industria (Schmidt, 1993, citado por Brown y Domínguez, 1997: 159) caracterizaron en los países más desarrollados los modelos que atrajeron la atención de investigadores de distintas disciplinas, convirtiéndose en un modelo de referencia para varias regiones en el mundo.
Sin embargo, muchas de estas concepciones fueron cuestionadas y enriquecidas por nuevas investigaciones (Boscherini y Poma, 2000), que reconocen fundamentalmente que el territorio cumple una función mucho más significativa que la simple generación de externalidades. La propuesta de estos autores es ir "más allá de los industriales", considerando para ello un nuevo modelo interpretativo: el sistema institucional territorial o sistema institucional de empresas. Para ser más específicos, lo que se necesita para la puesta en marcha de este nuevo proceso, según estos autores, es contar con capacidades empresariales autónomas y difundidas de las empresas que se articulan con el desarrollo de un sistema institucional territorial complejo.
En este sentido, el territorio es considerado "un componente que interactúa y a la vez compite con otros territorios", a diferencia de los distritos, en los cuales solo se consideraba la dinámica interna de los mismos, es decir, el conjunto de actividades productivas, intercambios y relaciones basadas en un conjunto de flujos secretos e imitaciones difundidas, comportamiento que reducía su dinamismo.
Otra peculiaridad que distingue a este sistema institucional territorial es el papel de las instituciones en términos de governance. El desarrollo tanto de un sistema político como de una sociedad civil amplia y participativa, capaces de estimular y apoyar la creación de sistemas productivos locales rompe con el predominio de comportamientos individuales, generando una institucionalidad flexible y estimulante para el desarrollo del sector productivo. En este sentido, adquieren particular importancia la confianza entre actores y los sistemas nacionales de innovación.
Asimismo, se vuelven especialmente relevantes la producción de conocimiento y la necesidad de abordar conductas colectivas para enfrentar el cambio planteado por la globalización. Al respecto, Boscherini y Poma señalan: El Estado puede recuperar, en el contexto socio-económico su rol activo y positivo a través del diseño y la implementación de políticas "desde abajo" que involucren a los agentes económicos y sociales territoriales, directa o indirectamente interesados en los procesos de desarrollo local y que son los reales destinatarios de las políticas. De esta manera, concebimos y describimos un nuevo modelo de desarrollo, que deje de lado políticas en que el Estado fomentaba actividades industriales desde arriba indicando en qué sector, productos y manera de invertir, para dar lugar a nuevas dinámicas, que sean acordes con los elementos indicados anteriormente para fomentar el desarrollo de sistemas productivos locales. Todo ello, sin dejar de considerar, por supuesto, las muy diferentes condiciones económicas, sociales, históricas y culturales de cada país, que permitirán o no el desenlace de procesos con mayor o menor éxito tanto en el plano local como global.
Las peculiaridades que distinguen la relación entre lo global y lo local
Existe una serie de dimensiones que permiten individualizar de qué manera se manifiesta la globalización en lo local. Al respecto, podemos sintetizar algunas de sus peculiaridades más sobresalientes:
a) El paradigma del desarrollo endógeno. Los procesos corporativos de integración vertical que signaron el siglo XX se caracterizaron por estructuras de representación corporativas centradas en el Estado nación con predominancia de sujetos tales como burocracias estatales, organizaciones empresariales, elites modernizantes, vanguardias iluminadas, actores privados corporativos, entre otros. Esto tuvo su correlato en las disciplinas sociales que analizaban los procesos económicos, políticos, sociales desligados del territorio. Los municipios no intervenían en las estrategias centralizadas del desarrollo; durante décadas, "desarrollo y territorio" tuvieron un punto de encuentro exclusivamente en lo "nacional" (Madoery, 2001). En años recientes, sin embargo, gran parte de los actores y disciplinas sociales parten de la dirección opuesta o, sea, de la perspectiva de los ambientes locales. La atención se centra en el desarrollo de los territorios y, particularmente, de regiones, localidades, ciudades, metrópolis, intentando identificar las características de su desarrollo basado en su identidad, su historia, sus recursos materiales e inmateriales. En este sentido, los procesos endógenos de los territorios adquieren especial relevancia para este nuevo enfoque, el cual considera que las economías de las regiones y localidades pueden crecer utilizando el potencial de desarrollo existente en el territorio.
El desarrollo es endógeno debido a su estrecha asociación con la cultura local y con los valores que ella incluye: Desarrollo endógeno significa en efecto, la capacidad para transformar el sistema socio-económico; la habilidad para reaccionar a los desafíos externos; la promoción del aprendizaje social; y la habilidad para introducir formas específicas de regulación social a nivel local que favorecen el desarrollo de las características anteriores. Desarrollo endógeno es, en otras palabras, la habilidad para innovar a nivel local (Garofoli, 1995).
Esta posición del desarrollo constituye un modelo alternativo al propuesto por el paradigma del desarrollo exógeno (de moda durante los años cincuenta y sesenta), según el cual el crecimiento económico era producto de los procesos de industrialización y concentración de la actividad productiva, a través de grandes plantas, en número reducido de grandes centros urbanos.
La novedad de estos procesos consiste en que ya no cuentan solo las elecciones derivadas del "centro" -de políticas nacionales centralizadas del Estado- o determinantes espaciales -como la dotación de particulares recursos naturales y ambientales-, o la cercanía con algunos mercados, sino que el elemento determinante en el nuevo contexto es el protagonismo de actores organizados, de las instituciones locales, que desarrollan experiencias de cooperación y concertación innovadora por medio de construcción de acuerdos que involucran y favorecen al conjunto de actores en el territorio.
b) Articulación entre lo global, lo nacional, lo regional y lo local. Otra de las peculiaridades evidenciadas en la relación global-local es que los modelos de desarrollo local no tienen que ver con un localismo autorreferencial ni con vuelta al papel de las economías autárquicas del medioevo, sino que más bien se trata de la capacidad de articular y gestionar las políticas globales con las nacionales y subnacionales.
El protagonismo de los actores locales se lleva a cabo teniendo en cuenta los niveles nacionales, macrorregionales o globales, atrayendo de manera inteligente recursos externos, ya sea de tipo político (inversiones públicas calificadas o recursos para atraer a empresas privadas), como económico o cultural (vinculados a decisiones de inversiones o de localización de actores privados). Cuando se logran captar las oportunidades que la extensión de los mercados ofrecen, se potencian nuevas estrategias de producción de bienes y servicios que valorizan competencias específicas y bienes comunes (como el patrimonio ambiental e histórico-artístico).
No se trata, por tanto, de resistir la globalización, sino de rechazar los elementos de los procesos globales que son nocivos en el ámbito local y al mismo tiempo usar de manera inteligente -es decir con capacidad de proyectar- las mayores y mejores oportunidades potenciales que los diversos niveles territoriales (globales, nacionales, macrorregionales) ofrecen del lado de los procesos productivos más flexibles y con salidas diferentes hacia mercados locales, nacionales y globales.
Asimismo, el Estado nación no desaparece, como lo auguran las posiciones más conservadoras, sino que se reconfigura en función de estas nuevas necesidades de cambios estructurales. Quedan bajo su predominio los controles macroeconómicos (inflación, déficit público, balanza de pagos), así como otras funciones que debe garantizar (salud, educación, vivienda, etc.). Las administraciones subnacionales se articulan con la administración central, pero bajo otro protagonismo, que les confiere poder atender problemas existentes en el ámbito del territorio.
c) Valorización de los recursos locales. Otro elemento distintivo en el marco de la globalización del desarrollo local es su capacidad para atraer recursos externos que tengan impacto en el territorio. Esta dinámica consiste en la capacidad de los territorios de atraer recursos externos para valorizar los internos: inversiones, empresas, recursos científicos y culturales, no solo como ocasión para el crecimiento de la producción, del rédito y de la ocupación, sino como instrumento que enriquece las competencias y las especializaciones locales.
Es fácil y recurrente confundir desarrollo local con crecimiento o dinamismo local y hasta muchas veces difícil de diferenciar, ya que en una fase inicial los dos fenómenos pueden convivir. Los procesos de beneficios fiscales, financieros, niveles educativos, políticas de formación, costos del trabajo, servicios e infraestructura de un territorio deben servir para atraer inversiones siempre y cuando se combinen con la posibilidad de valorizar los recursos y capacidades locales. Si estos procesos no se dan de manera integral en el contexto actual de la globalización y en la redefinición e interacción entre distintos espacios y territorios, se arriesga que no se desate un verdadero desarrollo local.
La competencia cada vez más grande entre territorios y no entre empresas implica que, si un territorio no brinda la combinación justa para los flujos de capital, las empresas emigran o otros lugares en donde les permitan generar más réditos. Muchas localizaciones son de gran inestabilidad y están continuamente sometidas a la competitividad de otros lugares y oportunidades (Coraggio, 1999). En este sentido, no cualquier territorio puede servir a este objetivo, ya que el desarrollo local puede ser concebido solo en los contextos donde las capacidades de cooperación y de concertación estratégica de los actores locales sirvan a la construcción de proyectos comunes. No se trata de basar la competitividad en la desregulación del medioambiente, en mano de obra a bajo costo, con baja calificación, sin derechos establecidos, subsidiando inversiones que no aportan mejoras a las comunidades locales. De lo que se trata más bien es de aprovechar las oportunidades de la globalización teniendo en cuenta la competitividad de la economía local, la democratización, la gobernabilidad y la sustentabilidad medioambiental.
d) La importancia que adquiere el conocimiento y los nuevos procesos de innovación. En esta nueva fase del desarrollo, el conocimiento adquiere un valor fundamental así como la articulación con el sector científico-educativo y el conjunto de la producción y servicios sociales. En este marco, el concepto de competitividad como fenómeno sistémico tiene que ver ya no con tradicionales factores macroeconómicos y sectoriales, sino que se refiere a la conducta de los agentes, la creación de redes, así como del grado de desarrollo del medio local (entornos innovadores). En el marco de los procesos de innovación concebidos como un proceso interactivo de aprendizaje en el que se introducen nuevos conocimientos o se combinan conocimientos existentes para generar nuevas competencias (Lundvall, 1992; Gregersen y Johnson, 1996), ha venido adquiriendo nueva significación el papel del entorno local y de sus instituciones en el desarrollo de la capacidad innovadora de las empresas. La creciente importancia del conocimiento tácito, fuertemente anclado al territorio, resulta cada vez más relevante para la absorción del conocimiento codificado. "La innovación, en particular, parece fuerte- Conocimientos tácitos, término introducido por Polanyi (1966), quien señaló que "se conoce más de lo que se puede decir". El concepto fue retomado por otros autores (Nonaka y Takeuchi, 1995), quienes sostuvieron que "conocer tácitamente significa conocer sin distancia de las cosas y los actos, y la interacción cognoscitiva entre las personas se caracteriza porque es inconsciente". En otros términos, se define como tácito el conocimiento difícil de definir y de expresar de manera formalizada porque está vinculado al contexto de referencia y tiene una matriz profundamente personal. Conocimientos codificados, también llamados conocimientos explícitos para indicar esa parte del conocimiento que puede ser codificado, trasmitido y usado en contextos diversos de los que fue generado, como el conocimiento encerrado en un manual de instrucciones. Se trata de un conocimiento claro, determinado, de inmediata comprensión, simple de recoger y de mucho valor para las organizaciones, porque es fácil de guardar y difundir (Zack, 1999). Sin embargo, no siempre en el interior de una organización el conocimiento explícito está realmente codificado en documentos formales o con un lenguaje compartido, sino que, por el contrario, muchas veces se mantiene implícitamente y compartido de manera informalmente ligada a las interacciones específicas entre agentes y a los conocimientos tácitos que los unen" (Veltz, citado por Boisier, 2001). En este nuevo escenario internacional, ambiente local y economía global no son términos antagónicos, ya que la globalización debe su fuerza a la complejidad del conocimiento y de la sinergia que se produce a partir de la confrontación competitiva de diferentes variantes territoriales y redes de agentes (Yoguel, 2005). En este sentido, el desarrollo económico y la dinámica productiva dependen de la introducción de innovaciones (en los productos, en los procesos y servicios, en nuevos estilos de dirección y gestión empresarial, en las relaciones interempresariales, en la gestión pública, en la concertación de actores) que impulsen la transformación del sistema productivo y social del lugar. Para que ello sea posible, es necesario que los actores que forman parte del entorno tomen decisiones adecuadas de inversión, tecnológicas y organizativas. En esta capacidad reside la característica de innovación actual. "La capacidad de aprendizaje de los agentes locales, en un entorno que se transforma, orienta las decisiones de inversión y, por lo tanto, la respuesta de los sistemas locales a los desafíos de la competencia" (Maillat, 1995 citado por Vázquez Barquero, 2005: 39).
Este proceso de innovación es posible gracias a las relaciones formales e informales entre actores públicos y privados (asociatividad) y la competitividad de estos entornos territoriales se logra cuando se neutralizan los costos de transacción debido a las redes entre empresas, centros de investigación, laboratorios tecnológicos, entre otros. Si la innovación en las empresas no va acompañada de una innovación difusa en el territorio, no se generarán modificaciones cualitativas que dinamicen a todo el sistema en su conjunto.
La formación de redes (otro de los ejes fundamentales del desarrollo local en su vínculo con la globalización) permite el intercambio de productos, flujo de información, circulación de conocimientos, transmisión de datos, pautas de comportamiento, propiciando la difusión de las innovaciones, aumentando la productividad y mejorando la competitividad. El dinamismo del entorno local dependerá fundamentalmente de la densidad de estas redes.
MODELO DE DESARROLLO LOCAL EN VENEZUELA:
Es lo que se puede llamar, "Desarrollo desde abajo" significa proveer oportunidades para los pobres en lo atinente a la tierra, el crédito, vivienda, educación, salud y seguridad social, en un entorno macroeconómico de estabilidad externa y sustentabilidad fiscal.
Las pequeñas y medianas empresas, cercanas y aliadas del nuevo proceso, y por supuesto las grandes empresas, aun cuando pertenecen a las oligarquías tradicionales, se beneficiarán de este proceso de "trickle-up", por el aumento en la demanda de sus productos, y por la formación del capital humano de sus trabajadores.
La Solidaridad, es pues, el camino que Venezuela ha escogido para llevar adelante un programa de oportunidades para los pobres desde el gobierno, pero comprendiendo que la sociedad misma puede ejercer tal poder al objeto de resolver los problemas económicos y sociales, y ha optado por la promoción de cooperativas entre los pobres, suministrando créditos, tierra, apoyo técnico, educación, salud, vivienda y seguridad social.
En lo atinente a las políticas macroeconómicas, algunos errores han sido cometidos, signados por la confrontación política contra una red de privilegiados del pasado que se niegan a comprender el drama social de la gran mayoría de la población.
Después del intento de golpe del 2002, un diseño de política macroeconómica estándar fue implementado al objeto de establecer un buen ambiente para las políticas sociales de inclusión. Se diseñó un programa fiscal de sustentabilidad y control de la volatilidad, orientado a manejar la coyuntura de alta concentración interna y externa de capital y pago de intereses. Se diseñó un fondo de estabilización al objeto de enfrentar la alta volatilidad del ingreso petrolero; un moderno sistema tributario fue diseñado para resolver la carencia estructural de ingresos no-petroleros (que apenas alcanza a un 10% del PTB - mientras que la cifra correspondiente es del 23% para América Latina y del 33% para USA); con respecto a la tasa de cambio, se implementó un sistema flexible de bandas en torno a un promedio móvil que tenía en cuenta las fuerzas del mercado, pero que controlaba movimientos bruscos desde y hacia la economía interna. Por la primera vez en 35 años, la tasa de cambio comenzó a estabilizarse de manera endógena. Infortunadamente, un paro general de la producción y de la industria petrolera fue activado al fin de ese año (2002) por la oligarquía anteriormente privilegiada, que controlaba la industria petrolera estatal y, la totalidad del programa, que estaba tan sólo en su comienzo (el fondo de estabilización y el nuevo sistema tributario estaban siendo propuestos, y el régimen de tasas de cambio acababa de ser instalado con gran éxito), fué interrumpido. En consecuencia, un sistema de control de cambios tuvo que ser establecido y, el programa de estabilización fue prácticamente abandonado (el ministro a cargo del programa fue cesado). Es nuestra esperanza que un programa de sustentabilidad fiscal sea recomenzado. Entiendo que el régimen de control de cambio va a ser flexibilizado y, es posible que el exitoso anterior régimen flexible sea robustecido - al objeto de controlar los impactos políticos bruscos - con una tasa Tobin arriba y debajo de las bandas. Con respecto al diseño institucional, Venezuela está optando por un substancial mejoramiento de la administración pública con una alternativa política radical. Lo que establece la diferencia en la nueva Constitución venezolana es la /democracia participativa, / que significa que la gente se autogobierna, al menos, a nivel local. Simplemente expresado, es como si el dueño, el soberano, decidiera no contratar ya más a gerentes para que le administren su propiedad, como sucede en la democracia representativa, sino que quiere administrarla él mismo. Puesto que, políticamente, cada ciudadano tiene exactamente el mismo poder, entonces, el administrar directamente el gobierno significa tener una cooperativa de propietarios administrando lo suyo, pero el esfuerzo de poner esto en práctica es bastante complejo. Hay un sentido mucho más profundo en el que un "camino solidario" ha comenzado en Venezuela. La solidaridad es ejercida, por definición, por el pueblo mismo. Es algo que proviene de los sentimientos de la gente. Un gobierno puede reflejar esto por medio de su política económica y social, puesto que tal gobierno representa a un pueblo solidario, igual que en una democracia convencional. Todos conocemos las ventajas de la descentralización. Si la gente misma diseña políticas de gobierno en una democracia realmente descentralizada, esas políticas, necesariamente, reflejarán directamente las preferencias de un pueblo solidario. En un verdadero proceso de descentralización, la sociedad tiene también un impacto directo en la gerencia y ejerce control social. Gobernar significa, además del diseño de políticas, gerenciar proyectos públicos comunitarios, controlar gastos y evaluar todo el proceso. Tal proceso sólo está comenzando en nuestro país. La población está siendo organizada en una red de grupos llamada Conexión Social, que está cobrando forma y vida, no sólo para gobernar a nivel local, sino también para imbricar al poder local directo con los niveles regional y nacional, mediante congresos de delegados comunales: una suerte de senado, con características territoriales, pero con mucha mayor representatividad que un senado convencional y, con poder ejecutivo, que comparte con el poder ejecutivo regional y nacional. Esto es una gran esperanza para Venezuela y, quien no entienda lo que está aconteciendo, no podrá comprender lo que va a suceder durante los próximos 10-20 años en nuestro país. Una alta eficiencia ha sido puesta ya de relieve en el entorno de las "misiones": la participación activa del pueblo demostró que sumas muy modestas de dinero son necesarias para producir un importante impacto social. En este proceso, la burocracia disminuye, y los gastos realmente bajan, haciendo el modelo sostenible, entre otras buenas cosas.
REDEFINICION DE GOBIERNOS LOCALES:
Pareciera una verdadera utopía derrumbar ese esquema piramidal; pues no se trata de insertar criterios de gerencia en un Municipio, ni tener un mayor contacto con la comunidad, las experiencias nos comprueban amargos y crueles fracasos. Algunos Municipios hacen denodados esfuerzos por modernizar su administración local; empero se les dificulta la posibilidad de estar preparados para confrontar los cambios en su jurisdicción, y dar respuestas oportunas a las necesidades colectivas.
En su estado natural la corporación horizontal podría ostentar un grupo mínimo de ejecutivos, de funcionarios o ejecutivos de esos que están elevados en el ápice de la pirámide, en las funciones de apoyo tradicional, tales como las finanzas y los recursos humanos, en el caso de los municipios, la unidad de Hacienda, Catastro, Desarrollo Urbano, Desarrollo Social, Administración.
Pero contextualmente, el resto de la organización trabajaría, en conjunto; en equipos multidisciplinarios que realicen procesos claves: control, fiscalización, facturación, liquidación de impuestos, atención al cliente o contribuyente o usuario de servicios públicos. El resultado: la organización municipal pudiera tener tres (3) o cuatro (4) estratos gerenciales entre el director y el personal dentro de un proceso determinado. Si el concepto horizontal se afianza como una nueva forma de gerenciar estratégicamente al Municipio, la vida de los gobiernos locales pudieran estar más cerca; vis a vis, con una auténtica democracia participativa.
Si organizamos al Municipio en torno a procesos, es decir, desarrollo de nuevas formas de obtener recursos a través de los impuestos; desarrollar fuentes diversificados de ingresos; de un inventario de necesidades locales que permita identificar los auténticos problemas, incorporar a la comunidad para evitar pérdidas de esfuerzos y recursos entre otras cosas. Los equipos autogerenciados se convertirían en los bloques de construcción de la nueva organización municipal. El cumplimiento de objetivos estaría vinculado con la satisfacción del usuario de los servicios públicos, con el contribuyente, con el vecino en general, y no con la obtención de recursos a través de los impuestos creando presión tributaria deprimiendo la posibilidad del desarrollo económico la generación de empleos y todos los beneficios que ello implica.
Por ejemplo: El personal será recompensado no sólo por su rendimiento personal, sino por el desarrollo de sus habilidades y por el rendimiento del equipo. Para las corporaciones, que han asumido el reto viene a ser una importante transformación cultural.
De la misma manera que un bombillo gasta energía para producir un calor no deseado, un municipio de estructura tradicional; gasta una enorme cantidad de energía haciendo funcionar su propia maquinaria interna dirigiendo las relaciones entre direcciones y departamentos u oficina, o proporcionando información de arriba hacía abajo dentro de la jerarquía y esta energía se traduce en elevación del gasto corriente.
Una estructura horizontal elimina la mayoría de estas tareas y centra sus recursos en sus clientes.
En el caso del Municipio en los contribuyentes y usuarios de los servicios públicos que potencialmente pueden aportar cantidades significativas a la administración local si el proceso de recaudación de impuesto está sustentado sobre una estructura eficaz.
El objetivo de una corporación horizontal es cambiar las limitaciones de contingentes de especialistas corporativos que han pasado su vida profesional escalando jerarquías verticales hasta alcanzar la cima.
El objetivo de un municipio horizontal es cambiar las limitaciones centralistas de un contingente de personas que desconocen el sentido participativo de un gobierno local y que precisamente no exista ninguna cima jerárquica que alcanzar; sino objetivos y metas que cumplir. Los Municipios que siguen, como en algunos casos en Venezuela, una estrategia genérica a nivel de los impuestos y de recaudación; deben adoptar la forma apropiada de estructura y control si desean utilizar sus recursos en forma efectiva para desarrollar niveles superiores de eficiencia, calidad, innovación y capacidad de satisfacer al cliente; en este caso al contribuyente, al usuario de servicios públicos, a los vecinos en general. Los Municipios deberían estar dispuestos a afrontar los costos burocráticos de manejar la estructura organizacional y los sistemas de control; si estos incrementan su capacidad de crear valor a partir de la disminución de costos administrativos o del establecimiento de un esquema moderado y conforme a los principios constitucionales y legales que fijen los tributos. Por esta razón con el paso del tiempo los municipios deben manejar y cambiar sus estructura puesto que con el tiempo fracasarían en el manejo de sus estrategias.
Por esta razón, los Gobiernos Locales en Venezuela, salvo raras excepciones, no están en capacidad de ajustarse a los cambios de su contorno, y seguirán sobreviviendo de los aportes del Estado, y de aumentos compulsivos y sin política de los impuestos, de no ajustar sus estructuras y sistemas de control para maximizar su esquema financiero y tributario. Mientras las organizaciones verticales se ocupan de la división de autoridad, las organizaciones horizontales se concentran en la división y agrupación de tareas para lograr los objetivos de la organización. Debido al alto grado, las tareas de una organización están en función de su estrategia, la perspectiva predominante es que los Municipios escojan una for-ma de diferenciación estructural u horizontal para ajustar sus estrategias organizacionales.
CULMINACION DE LA UNIDAD II.-
PREPARAR UN ENSAYO EN 5 CINCO HOJAS DONDE DISEÑEN UN MODELO DE GOBIERNO LOCAL CON TODAS LAS ATRIBUCIONES Y COMPETENCIAS QUE ESTABLECE LA CONSTITUCION Y LA LEY ORGANICA DEL PODER PUBLICO MUNICIPAL. FECHA DE ENTREGA LA SEMANA DEL 10/05/2010.
Recuerden que el Primer Corte es la Unidad I y Globalizacion de la Unidad II.
SUERTE.-

Belkis Hurtado dijo
Buenas noches profesora.
Esta es mi asistencia de esta semana.
Belkis Hurtado, 16.241675
Admón. Gestión Municipal
Sección: 03
24 Abril 2010 | 05:49 AM